Año 2016, hace ya diez años. Tinelli seguía con el Bailando, el dólar estaba a quince pesos y la gente salía a la calle a cazar pokemones con el celular. Yo estaba estudiando en la facultad, y ese año compré bitcoins.
Seguía el tema de cerca. Tanto, que incluso les recomendé a algunos amigos que compraran también. Ninguno lo hizo.
A los pocos meses la cotización empezó a subir, y con cada subida yo me ponía un poco más paranoico: ¿y si me hackean y me los roban?, ¿y si la página donde los tengo cierra de un día para el otro? No eran miedos exagerados: a otros ya les habían pasado las dos cosas.
Así que decidí aumentar la seguridad e hice lo que dice cualquier manual:
- Moví mis bitcoins a una billetera más segura.
- Le puse una contraseña que nunca hubiera usado en ningún otro sitio.
- Anoté la contraseña en un papel, para que no estuviera guardada en ningún lado digital.
- Guardé el papel adentro de un libro.
Una contraseña única, fuera de internet, escondida donde a nadie se le ocurriría buscar. Impecable.
Visto en retrospectiva, fueron muchos errores acumulados. Una billetera nueva para mí era una billetera que no sabía bien cómo funcionaba, ni si tenía alguna forma de recuperar el acceso. Una contraseña que no usás en ningún otro lado es una contraseña que no tipeás nunca, y lo que no tipeás nunca, no lo recordás. Un papel es una sola copia, y se pierde como cualquier papel. Cada medida, por separado, era razonable. Todas juntas eran un caldo de cultivo para el desastre.
A las semanas de configurar esta nueva billetera fui a buscar el papel en el libro y no estaba. Lo busqué hoja por hoja, en cada libro de mi biblioteca, y nada. Hasta hoy no sé si alguna vez llegó siquiera al libro, quizás iba a guardarlo, me distraje con algo y me desvié.
Me preocupé pero no tanto, porque recordaba partes de la contraseña. Pensé:
Bueno, no es tan grave. Recuerdo más o menos cómo está compuesta, quizás solo me estoy equivocando en una mayúscula, o en un orden. Voy a probar algunas pocas combinaciones y en algún momento aparecerá.
Pero en bitcoin, perder la contraseña es de las peores cosas que te pueden pasar, porque es irrecuperable: no existe el botón de olvidé mi contraseña ni un banco al que llamar. Yo había leído historias de gente a la que le había pasado. La del galés que tiró a la basura un disco con miles de bitcoins y se pasó más de una década peleando para que lo dejaran excavar el basural. La del programador con un pendrive cifrado que se bloquea al décimo intento fallido, y al que le quedan dos. Las leía tranquilo, como cosas que les pasan a otros. Nunca pensé que me iba a pasar a mí también.
Había logrado lo que quería: que nadie pudiera entrar. El problema es que ni siquiera yo.
Probé a mano durante algunas semanas, después cada tanto, y en algún momento dejé de intentarlo.
Resulta que las matemáticas son implacables: recordar partes no alcanza.
Hagamos algunas cuentas: supongamos que sabés que la contraseña tenía siete partes o palabras, pero no en qué orden exactamente: eso ya son 5.040 órdenes posibles. Si cada parte puede ir con o sin mayúscula, se multiplican por 128. Si entre ellas puede haber un símbolo, o no, cada hueco multiplica otra vez. Y si alguna parte podría no estar, se suman todas sus variantes. Así, de “algunas combinaciones” se pasa a billones.
Es como la leyenda del rey que, para premiar a alguien, le ofreció lo que quisiera. El pedido parecía modesto: un grano de arroz en el primer casillero de un tablero de ajedrez, dos en el segundo, cuatro en el tercero, y así, duplicando, hasta el último. El rey aceptó encantado. Para el casillero 64 no alcanzaba todo el arroz del mundo.
Pasaron los años y el tema quedó guardado. Cada tanto volvía, lo intentaba un rato, me cansaba y lo cajoneaba otra vez.
Como soy desarrollador de software, armé un par de programas: uno que generaba las combinaciones a partir de lo que recordaba y otro que las iba probando. Para tener una idea, a mano se puede probar más o menos una por segundo; mi programa llegaba a unas 20 por segundo, nada mal, ¿no? Y sin esfuerzo.
Hasta que este año, con todos los avances de la inteligencia artificial, me motivé a seguir intentando. Claude analizó todo lo que yo había hecho y me recomendó unas mejoras que hicieron subir drásticamente el ritmo a alrededor de un millón de combinaciones por segundo. Un salto enorme.
Pero eso no fue todo: después dimos otro gran salto: hacer que las pruebas corran en la placa de video, la GPU, que es perfecta para ejecutar muchas tareas chiquitas e independientes en paralelo. Eso nos llevó a unas 130 millones de combinaciones por segundo.
O sea: todo lo que alguna vez probé con mis programitas hechos a mano, hoy lo pruebo en un segundo. Eso no lo hubiera podido hacer solo; fue gracias a la IA.
- A mano 1 por segundo9,5 millones de años
- Mi primer programa 20 por segundo475.000 años
- Con mejoras de la IA 1 millón por segundo9,5 años
- En la placa de video 130 millones por segundo27 días
Si no recordara nada de la contraseña, ni a esta velocidad alcanzaría. Supongamos que entre letras, números y símbolos hay unos 70 caracteres posibles, sin siquiera contar caracteres especiales, o caracteres de otros idiomas. Esto es lo que tardaría en probar todas las contraseñas al azar de cada largo a la velocidad de 130 millones de combinaciones por segundo:
| Caracteres | Ejemplo | Tiempo |
|---|---|---|
| 8 | k7Rm2!xQ |
unos 51 días |
| 10 | k7Rm2!xQ9b |
unos 690 años |
| 12 | k7Rm2!xQ9b#T |
unos 3,4 millones de años |
| 14 | k7Rm2!xQ9b#Tw4 |
más de 16.000 millones de años |
Con 14 caracteres ya es más que la edad del universo.
Hoy en día el programa arranca solo cada vez que prendo la compu y trabaja en segundo plano. Lleva más de 300 billones de combinaciones descartadas.
Nunca imaginé que iba a necesitar tantas pruebas.
más de 300.000.000.000.000 contraseñas probadas
- Velocidad
- 138 millones por segundo
- Estado
- todavía no apareció
El siguiente paso sería poner varias placas de video a buscar en paralelo, y más potentes que la mía. Pero eso requiere mucha plata, y no sé si la voy a recuperar.
Lo que abre ese papel alcanzaría hoy, por lo menos, para un departamento.
Como todos saben, el precio de bitcoin subió muchísimo con los años. Se suele decir que comprar en esa época fue como comprar un terreno hace cincuenta años, cuando prácticamente los regalaban.
Ver los datos en una tabla
| Fecha | Precio de un bitcoin |
|---|---|
| 1 de enero de 2012 | USD 5 |
| 1 de enero de 2013 | USD 14 |
| 1 de enero de 2014 | USD 732 |
| 1 de enero de 2015 | USD 321 |
| 1 de enero de 2016 | USD 431 |
| 1 de enero de 2017 | USD 965 |
| 1 de enero de 2018 | USD 13.796 |
| 1 de enero de 2019 | USD 3.738 |
| 1 de enero de 2020 | USD 7.168 |
| 1 de enero de 2021 | USD 28.983 |
| 1 de enero de 2022 | USD 46.250 |
| 1 de enero de 2023 | USD 16.527 |
| 1 de enero de 2024 | USD 42.250 |
| 1 de enero de 2025 | USD 93.407 |
| 1 de enero de 2026 | USD 87.494 |
| 15 de oct. de 2026 | USD 81.567 |
Fuente: Blockchain.com, precio de mercado diario. Datos al 15/10/2026.
Todos tenemos, o conocemos a alguien que tiene, una historia con bitcoin, tanto para bien como para mal. Algunos casos:
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Lo más raro es que, si algún día la encuentro, haberla perdido habrá sido una bendición. Me conozco: como les pasó a muchos, apenas se hubieran duplicado o triplicado, los habría vendido contento, sin sospechar que aguantándolos unos años se iban a multiplicar por cientos de veces. Perder la contraseña me obligó a hacer lo que nunca hubiera hecho por voluntad propia, eso que en la jerga llaman holdear: no tocarlos.
Y el día que la encuentre ya sé cómo cierro el ciclo: me la tatúo… por las dudas.1. Tranquilos: para entonces no va a abrir nada. Lo primero que haría es mudar todo a otro lado, asegurándome de no perder la nueva (?)
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